Manifiesto de la Ciencia contra el dogmatismo religioso
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Acerca del Manifiesto
El Manifiesto de la Ciencia contra la ofensiva del dogmatismo religioso está siendo promovido por el foro Filosofía y Pensamiento[2], foro que apoya la racionalidad y la ciencia.
Se han adherido al Manifiesto profesores universitarios, doctores, catedráticos, etc., de diversas áreas científicas.
Manifiesto de la ciencia contra la ofensiva del dogmatismo religioso
Los abajo firmantes, pertenecientes a las ciencias naturales, a las ciencias sociales y a las ciencias humanas, desde las matemáticas hasta la filosofía, pasando entre otras por la física, la biología, la psicología y la sociología, queremos manifestar lo siguiente.
Cuando al final de la edad media, la razón y la ciencia consiguieron desprenderse del dogmatismo de la fe con el surgimiento de la ilustración y de la modernidad, la religión, arrinconada por la racionalidad y la ciencia, actuó a la defensiva y aceptó cierta independencia entre fe y razón para proteger a la primera del descrédito con que la señalaba la segunda.
Los científicos volvieron a sus quehaceres y se olvidaron de la religión, cuestión que creyeron definitivamente cerrada dada la evidencia de su falta tanto de base empírica como de fundamento filosófico.
La religión, sin embargo, nunca aceptó de buen grado la separación entre fe y razón, e intentó siempre que pudo someter las evidencias científicas a sus concepciones dogmáticas. Y así asistimos hoy en día a una nueva cruzada de la fe, en la que la religión pretende tergiversar los hechos científicos e invadir el espacio público imponiendo a los demás unas creencias que no deberían salir en ningún caso del ámbito privado. Después de decenios en los que la religión permanecía en segundo plano debido a cierto complejo de inferioridad ante los éxitos de una ciencia que le sacaba los colores, ha salida de su retiro forzado con un entusiasmo tan desbordante como dogmático con la intención de dirigir a la sociedad hacia unas posiciones sin fundamento científico, en una especie de regreso a un pasado medieval.
Sentimos un profundo respeto tanto por los creyentes como por su anhelo subyacente de encontrar respuestas vitales a la pregunta por el sentido de la realidad. No tenemos nada en contra de la espiritualidad que cada uno pueda desarrollar individualmente en su búsqueda de la trascendencia; tampoco tenemos nada en contra de una sensación de asombro ante el universo como misterio o en contra de un sentimiento de comunión con él: lo que rechazamos es sólo el dogmatismo imperante en la religión institucional. Así, no podemos aceptar que un tipo de pensamiento arcaico como el religioso que, en muchos aspectos, puede calificarse de pensamiento mágico, pretenda dirigir la sociedad como si aún nos hallásemos en una edad media sometida al fundamentalismo de unas creencias ajenas a la evidencia científica y a un integrismo inmune a cualquier razón filosófica.
De la misma forma que en el pasado la religión atacó a la geología porque sus dataciones estaban en contradicción con las fechas que aparecían en la Biblia y rechazó la teoría de la evolución de las especies por selección natural porque negaba el creacionismo del Génesis, defiende ahora la ocurrencia del diseño inteligente lo mismo que pretende que creamos que existe una persona en un óvulo recién fecundado como si estuviésemos ante algún tipo de suceso mágico repentino, cuando todos los datos científicos muestran que la aparición de una persona es un proceso gradual a medida que madura su sistema nervioso central. Las creencias religiosas no serían tan criticables si no fuese porque pretenden imponerse a los demás, condicionando cuestiones prácticas como, por ejemplo, la investigación con células madre, la interrupción voluntaria del embarazo, el derecho a una muerte digna o los matrimonios entre personas del mismo sexo. Su defensa sin fundamento científico de que existe una ley natural, un derecho natural, que está por encima de las personas no es más que un intento de imponer sus dogmas fundamentalistas a los demás.
Se ha acusado a la ciencia de ser sólo una creencia más, pretendiendo así ponerla a la misma altura que cualquier creencia religiosa. Sin embargo, esto no es así dado el carácter autocrítico de la ciencia y de la razón. La razón ha sido examinada y criticada exhaustivamente, tanto desde el ámbito filosófico como desde el científico, y los cambios que se han producido en los dos últimos siglos muestran hasta qué punto se ha corregido la metodología científica. La razón es inherentemente crítica consigo misma y siempre se pone en cuestión mientras que la fe sólo pretende defender el dogma religioso contra cualquier evidencia o argumento que se le presente. La ciencia y la razón saben que sus verdades son siempre provisionales mientras que la religión se cree en posesión de la Verdad absoluta, lo que puede convertirla en una fuente de fanatismo.
Por todo esto, consideramos que, ante esta ofensiva en toda regla del dogmatismo religioso, la ciencia tiene que volver a levantar la voz, desde las ciencias naturales hasta las ciencias humanas pasando por las ciencias sociales, y dejar claro que la tergiversación a la que somete la religión la evidencia científica y los sofismas en los que enreda los argumentos filosóficos resultan inaceptables en pleno siglo XXI.
Estamos dispuestos a entendernos con los creyentes y a comprenderlos desde posiciones psicológicas, sociológicas y antropológicas, especialmente a los creyentes de base que no participan en esta cruzada de la religión institucional y conservadora; pero resulta inadmisible que los dogmáticos pretendan señalarles a los demás hacia donde debe caminar la sociedad y quieran hacerlo, además, con una suficiencia tan prepotente como fuera de lugar y más propia de un fundamentalismo medieval que de una persona racional y moderna.
Así, le pedimos a la religión que regrese al ámbito privado del hogar de cada cual, de donde nunca debió salir, y a los poderes públicos que defiendan a la sociedad de esta ofensiva integrista trasnochada que pretende invadir el espacio público substituyendo la racionalidad y la ciencia por el dogmatismo religioso y retrotraernos a una época medieval que ya creíamos superada.
Cincuenta primeras adhesiones al Manifiesto:
- Roberto Aguirre Guiochín (licenciado y miembro de Consejo Universitario)
- Eugenia Biurrun Arraiza (MBA en mercadotecnia y administración de empresas)
- Carmen Buiza Sánchez (licenciada en biología y catedrática)
- Norma Beatriz Cajal (profesora de sociologia y psicopedagoga)
- Luis María Cifuentes (catedrático de filosofía)
- Borja Fernández Gauna (ingeniero en informática y profesor de la Universidad del País Vasco - EHU)
- Elisenda Font Campdelacreu (licenciada en matemáticas y catedrática)
- Juan Antonio Gabaldón Domínguez (licenciado en ciencias químicas, vocal del Consejo Social Universidad de Valencia y ex decano del Ilustre Colegio de Químicos de la Comunidad Valenciana)
- Rosa M. García Lopera (licenciada en química y profesora de la Universidad de Valencia)
- Javier Gimeno Perelló (doctor en filología y lingüística, master en filosofía de la ciencia y director de calidad de la biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid)
- Juan Manuel Carrillo García (médico)
- Félix Cesáreo Gómez de León e Hijes (ingeniero industrial, doctor y profesor de la Universidad de Murcia)
- Yenissei Hernández Castañeda (ingeniera química y profesora universitaria)
- Alfonso Hernández Lara (médico)
- Juan Ernesto Hernández Sandoval (ingeniero y profesor universitario)
- Pilar Iglesias Aparicio (doctora en lengua inglesa y catedrática)
- Luis Manuel Ledo Regal (licenciado en ciencias físicas y en filosofía, Diploma de Estudios Avanzados en filosofía y redactor del Manifiesto)
- Miguel López Castro (doctor en pedagogía)
- Pedro López López (doctor en psicología, licenciado en ciencias políticas y sociología, exdirector de la Escuela de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad Complutense de Madrid)
- Bernardo Máiz Vázquez (doctor en historia contemporánea y catedrático)
- Antonio Martín González (licenciado en psicología y profesor de universidad)
- José Martínez López (médico)
- Angel Rafael Martínez Lorente (facultad de ciencias de la empresa, Universidad Politécnica de Cartagena)
- Victoria Mena Bellón (profesora de biología)
- Juan Francisco Menárguez Puche (médico y profesor en la Universidad de Murcia)
- Juan José Merino Carrillo (licenciado en ciencias sociales, master en salud pública)
- Juan Molina Porras (catedrático de lengua y literatura, miembro del Proyecto de Investigación I+D+I Plan Nacional 2008-2010)
- Alberto Moll Ortí (licenciado en ciencias matemáticas y catedrático)
- Hugo Mora Poltronieri (profesor de ciencias y química, profesor de metodología de las ciencias Facultad de Educación)
- Manuel Pulido Mendoza (doctor en filología hispánica)
- Juan Ramirez Puche (médico y cristiano de base)
- David Remondo Bueno (doctor en ingeniería electrónica, licenciado en ciencias físicas y profesor universitario)
- Felipe Román Requena (licenciado en ciencias biológicas y profesor)
- Jorge Rinaldi (licenciado en psicología y profesor universitario)
- Luis Rodero Merino (doctor en informática e investigador)
- José Rodríguez Pimentel (licenciado en filosofía, psicología y teología, profesor de la Universidad de Salamanca)
- Maria del Mar Rodriguez Yebra (MPhil Fisicas e investigadora)
- Felipe Sánchez Martínez (doctor en informática)
- Juan Jose Prieto Gutierrez (Doctorando en Biblioteconomía y Documentación, Licenciado en Economia, Biblioteca Universidad Complutense, investigador)
- Diego Santos García (licenciado en biología, máster en genética)
- Miguel Sanz Alix (catedrático de matemática aplicada de la Universitat de València)
- María Fernanda Serrano Carrasco (licenciada en pedagogía y psicóloga clínica, profesora de la Universidad de Salamanca)
- Carlos Soneira (médico, psiquiatra, neurólogo, Arzt für Psych. und Neurol. - B.R.D, Complejo Hospitalario Universitario)
- José Ramón Soriano Reig (licenciado en teología, en filosofía y en psicología)
- Narcís Subils i Pagès (doctor en ciencias económicas)
- Mauricio-José Schwarz Huerta (periodista especializado en ciencia y pseudociencias, Premio Nacional de Periodismo del Club de Periodistas de México 1997 por su labor en divulgación científica)
- Luis Varela Ortiz (licenciado en derecho y profesor universitario)
- Santiago de Vicente (doctor ingeniero de minas, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid)
- Angel Villagrá Rubio (sociólogo y documentalista científico en ciencias sociales, CSIC)
- Ana Viñuela Rodriguez (licenciada en biologia, master en bioinformática y biologia computacional, doctoranda en genética)
- Mario N. Zonis (ingeniero y profesor universitario)

